Las Coronas y el Rostrillo
Las piezas creadas para la Coronación Pontificia de la Virgen del Prado y el Niño Jesús.
Una obra para la Coronación Pontificia
Tras anunciar el Obispo-Prior Juan Hervás y Benet la Coronación Pontificia, se planteó la realización de unas coronas y un rostrillo de valor artístico para la ceremonia fijada para el 28 de mayo de 1967.
La Comisión Ejecutiva Pro Coronación eligió al orfebre José Puigdollers O. Vinader, especializado en orfebrería religiosa y con estudio en Madrid.

Plata, joyas y devoción
La intención expresada por el Obispo era evitar el lujo puramente material: la corona sería de plata, enriquecida con las joyas que habían ido ofreciendo los devotos dentro de la tradición y el arte.
En enero de 1967 la Hermandad informó de que Puigdollers conservaba una fotografía a tamaño natural de la corona imperial desaparecida en 1936. La nueva obra se realizaría en plata sobredorada e incorporaría valiosas joyas del tesoro de la Patrona y otras donadas durante su ejecución.
El Obispo destacó públicamente el extraordinario trabajo de cincelado, repujado y montaje de las joyas, así como la dedicación personal del orfebre. Señaló que las piezas habían sido distribuidas de forma que los donantes pudieran reconocerlas y que cada una encerraba una historia de devoción.
Las joyas de un pueblo
La documentación conservada relata numerosas aportaciones de fieles de toda condición: alianzas, pendientes, piedras preciosas y recuerdos familiares fueron ofrecidos para enriquecer las coronas y el rostrillo.
El propio Juan Hervás y Benet quiso sumar una aportación personal: entregó el anillo de su madre y su propio anillo pastoral para incorporarlos simbólicamente a la Coronación.
Las nuevas coronas de la Virgen y del Niño y el rostrillo fueron llevados a Ciudad Real desde Madrid por el propio Obispo-Prior a finales de abril de 1967. La imagen de la Virgen del Prado fue coronada pontificiamente el 28 de mayo de ese año.