Manto de «Los Dragones»
De tisú de plata bordado en oro, fue regalado por los Condes de la Cañada por encargo de Manuel Acedo-Rico y Jarava.
Mantos, coronas, joyas y piezas que acompañan a la Patrona de Ciudad Real en sus salidas procesionales.
El ajuar de la Virgen del Prado es muy rico a pesar de haber sido expoliado en 1936. A lo largo del siglo XX, fieles y devotos fueron donando piezas destinadas a acompañarla en sus salidas procesionales.
La Virgen posee tres mantos de procesión que alterna cada año, además de coronas, rostrillo, joyas, medallas, ráfagas y otras piezas de singular valor histórico y devocional.

De tisú de plata bordado en oro, fue regalado por los Condes de la Cañada por encargo de Manuel Acedo-Rico y Jarava.
Donado por Elisa Cendrero y Arias del Castillo, viuda de Medrano. Fue confeccionado en tisú de Lyon y estrenado por la Virgen en 1968.
Bordado por Joaquín Ojeda Osuna y regalado por la Hermandad y su Corte de Honor con motivo del noveno centenario.
La corona de la Virgen, la del Niño y el rostrillo fueron labrados por José Puigdollers Oliver Vinader y estrenados en 1967 con motivo de la Coronación Pontificia. Son piezas de estilo imperial, realizadas en plata repujada y sobredorada, enriquecidas con joyas del tesoro de la Catedral.
La bola del mundo que porta el Niño fue realizada por el mismo platero en 1969, en plata sobredorada y adornada con amatistas. Los zapatitos del Niño Jesús datan de 1730 y fueron labrados en plata por Juan Rivera, platero de Ciudad Real.
A los pies de la Virgen se dispone una media luna de plata sobredorada, regalo de Benjamín L. Fernández Malagón, quien también regaló en 1954 las ráfagas de plata.
La Virgen lleva prendida en su manto la Medalla de Oro de Ciudad Real, ofrendada en 1943, además de una medalla donada por el Obispo-Prior Juan Hervás y Benet relacionada con la proclamación de la Virgen María como Madre de la Iglesia.
En la parte trasera del manto lleva un águila bicéfala labrada por Puigdollers en 1967, reconstrucción de la desaparecida en 1936, con las cruces de las órdenes militares españolas.
Este es el ajuar de procesión que posee la Virgen del Prado y que luce en sus salidas de agosto, patrimonio nacido de generaciones de devoción y vinculado profundamente a la historia de Ciudad Real.